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Meses Críticos

 Habitualmente, la estacionalidad favorable, por lo que respecta al empleo, se interrumpe a finales de agosto para volver a tener una mejoría a finales de año, por aquello de la agricultura y los servicios, pilares de nuestra estructura económica andaluza. En los ejercicios de prospectiva se trata de eliminar esos efectos estacionales que se consideran perturbaciones de la tendencia verdadera de la economía, pero no son en mi opinión despreciables al menos por dos razones.

La primera, que en muchas ocasiones sirven para tomar impulso y enmendar la trayectoria futura. La segunda, que tienen innegable influencia psicológica en esos “animal spirits” fundamentales para salir del hoyo. ¡Qué sería de nosotros sin la bendita estacionalidad del turismo! El “consenso” de los analistas mejora sus previsiones de crecimiento para España y lo sitúa en el entorno de -1,2% en 2013 y en el 1% en 2014, al Estado le sale más barato endeudarse y la balanza de pagos muestra una brillante actividad exportadora. Cosas de la economía: la contención salarial y el incremento del desempleo desploman la demanda interna, pero a cambio incrementan la productividad, impulsan las exportaciones y reducen el umbral de crecimiento a partir del cual se crea empleo. Y además los agentes económicos se buscan la vida. Todos ellos, menos el sector público cuyo déficit y deuda parecen indomables. Puede o no que la economía esté mejorando, pero lo que es seguro es que se está adaptando.

El manotazo de la crisis desbarató las piezas del rompecabezas económico, pero poco a poco el mercado, el interés o el instinto van recomponiendo la figura, quizá otra, distinta y más pobre, pero aferrada al objetivo de supervivencia. La sociedad española y andaluza, los individuos y las empresas han elaborado el duelo. Los psicólogos enseñan que ante cualquier pérdida dolorosa, material o emocional, se desencadena una rutina conocida: primero se niega el suceso, luego uno se indigna y hasta busca culpables; más tarde llega la “negociación” y el análisis racional de los hechos,  a lo que sigue una fase de tristeza y dolor. Finalmente aparece la fase de aceptación de la pérdida, que es en la que pienso que nos encontramos en esta crisis que dura ya cinco años. Esta aceptación de la realidad está en la base del leve optimismo reinante. Pero antes, los empresarios, los jóvenes, los inmigrantes, las amas de casa, los desempleados o los jubilados decidieron “negociar” con la realidad y adaptar sus estrategias económicas a la situación. Comportamientos que se han modificado en el consumo, en el ahorro, en la movilidad, en la innovación y hasta en la “inmersión” fiscal de sus economías.

            NI la política, ni el Estado, ni las administraciones públicas lo han hecho, y las amenazas vienen de su deuda y déficit, de los presupuestos, de la mala regulación, de la corrupción y de la ineficacia. Escribe Petros Márkaris para Grecia: “No hemos llegado a la ruina por los fondos de capital riesgo ni por la burbuja inmobiliaria, sino porque nadie ha sabido gestionar el sistema político y éste se ha venido abajo” Los riesgos actuales de la crisis económica son, paradójicamente, políticos y administrativos. En España y en Andalucía. Los ciudadanos se adaptan y completan el duelo, pero no están para nuevos escándalos, injusticias, pérdidas y sobresaltos. Es probable que su capacidad de adaptación tenga un límite. 

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